sábado, 18 de octubre de 2008

Neo Trovarum

Confesiones de Octubre


"hace cosas tan grandes que son insondables
y maravillas que no pueden contarse.
Si pasa junto a mi, no lo veo, si me pasa a rozar,
no me doy cuenta."
Job 9, 10
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He estado pensando ya un tiempo en ordenar lo que pueda escribir y alejar esa triste monotomía de aceptar que perdí algunas letras entre mi folder, mi cuaderno y hojas sueltas; reconozco también que no era la mejor idea "inmortalizar" frases cortas en la pared del salón; me gané problemas y desde aquí, en la clandestinidad creo que es justo mencionar a todos aquellos que hicieron la esencia de lo que soy, aquellos que limpiaron esa pared por mi y a aquellos que creen en mi poca moralidad.
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Octubre no deja de ser un mes que cala en mi, no solo porque en este tiempo del año la cuidad y la gente se cubren de grageas y almíbar, vuelven a encender la luz de sus promesas y salen a la calle a seguir a un vicario milagroso. Más allá de esos acontecimientos una noche de octubre como hoy pero hace quince años me hallaba solo en casa bajo la atenta mirada de una tía y entre llantos y sollozos contaba los minutos que me separaban de ver a mis padres otra vez después de casi un día entero; esa noche a mis escasos 2 años sentí por primera vez la soledad y todos sus estragos.
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El ruido improviso de la perilla de la puerta principal me despertó de un sueño aligerado por la preocupación, mi padre y mi madre con un bulto en brazos se acercaron a mi lecho y me presentaron al que ha sido mi compañero y mi mejor crítico hasta la luz de hoy; un día como hoy temprano en la mañana Mauricio le encontró un coto a mis monólogos, entró a mi vida y por distintas razones no he querido que eso deje de ser así.

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